2 de diciembre de 2009

LOS PILARES DE DOÑA BLANCA

LOS PILARES DE DOÑA BLANCA

Cada día se acerca la fecha de establecer una reforma al sistema fiscal deseable, ya no posible, las lenguas políticas se han pronunciado en su mayoría por conseguirla, esperemos que no quede en un esfuerzo “eunuco”, es decir, que al final resulte que los políticos no tienen lengua, o resulten simples camaleones, que nada mas la sacan cuando quieren alimento. Febrero es el inicio y abril el mes de conclusión.

“Doña Blanca (DB) está cubierta, de pilares de oro y plata, quitaremos un pilar, para ver a (DB). Quién es ese jicotillo que anda en pos de (DB)?: -Yo soy ese jicotillo que anda en pos de (DB)-”; quien no recuerda éste cántico o ronda infantil, cuyo objetivo era llegar a Doña Blanca. Quien será el jicotillo, que romperá el pilar, ya sea de oro o plata, y que facilite la consecución de la ansiada reforma fiscal integral.

Pues tal parece que la deseada Reforma, se torna en una ronda, en donde las diversas formas de pensar concuerdan en que llegar a Doña “Reforma” implica tumbar un pilar de oro o plata. Quien será el jicotillo que quitará el pilar de la sinrazón, de la ambición partidaria que como gorupos quieren dominar las alas del progreso de nuestro país. Políticos goruperos que nada mas dan comezón y no dejan nada bueno. Serán los jicotillos Calderón, Nava, Madero, Beltrones, Rojas, Navarrete y Encinas?

La sugerencia del pesado del régimen en materia fiscal, Don Asustín Cartens, que a las discusiones de la reforma “hay que ir con la mente en blanco”, sin prejuicios sobre ajustes a impuestos, aunada a una segunda reforma en materia energética que permita la participación de la iniciativa privada en la exploración y refinación de crudo, asimismo, se prevé una propuesta política para permitir la reelección de alcaldes y legisladores con el fin de reconocer el buen o mal desempeño de los políticos y fomentar la confianza, medida que persigue crear la carrera legislativa, tipo estadounidense. Es necesario, elevar tal propuesta a un pacto social federal conjunto entre los diversos sectores de la sociedad, y que no resulte como en las piñatas, que todos disfrutamos la fiesta, pero el que sufre es quien se llevó un garrotazo con su chipote correspondiente y en consecuencia la burla de los demás; llegó el momento de incorporar las ideas y propuestas guardadas en el archivero de los olvidos, como lo fue en su tiempo la Convención Hacendaria del 2004. Ese esfuerzo provocó un gastadero marca diablo, en viáticos, traslados en avión de funcionarios, ponentes, reservaciones en hotel, etc., para qué? Ninguno de los resultados se incorporó en Ley alguna.

Basta de actitudes huidizas, el costo político repartido entre los partidos, cámaras empresariales, ciudadanos, nos toca de menos; se necesita enviar señales a los “hermanos” globales, de que podemos crear un entorno armónico en el que se abata la pobreza, se estimule el desarrollo productivo, se extingan los privilegios a grupos de poder, que conlleve a un fortalecimiento de la competitividad de nuestro México.

Otro punto importante es la relativa a la Reforma Regulatoria, que busca hacer más competitiva la operación de una empresa, desde su constitución, realización de transacciones o liquidación de ella. No es posible operar con tanto desgaste administrativo en cumplimiento a una rigurosa reglamentación en materia económica, laboral, fiscal y financiera; se requiere liberar al empresario de tantas obligaciones administrativas y que se aboque a lo que sabe hacer, proyectos, construcción, comercio, servicios, crear empleos y cumplir con sus contribuciones fiscales de manera sencilla, si hablamos de un sistema capitalista de libertad monetaria porqué asumir medidas totalitarias?

En una colaboración de M. Schettino para el Universal, cita a Luis de la Calle, éstas sus palabras: “En México, la longeva dupla de rentismo y proteccionismo llevó a (…) esperar que se vendiera lo que se produce, y no a producir lo que vende”. El fracaso de los planes de fomento radica en que se dirigen a exportadores que producen sin mirar lo que demanda el mercado –lo que se vende-, cuando debe ser al revés volteado, que los programas se destinen a empresarios que ataquen el mercado de productos que la gente quiere comprar. En un texto llamado “El trabajo improductivo”, De la Calle, sostiene que debemos multiplicar por cinco nuestra productividad en los próximos 20 años. Para lograrlo, propone cinco grandes medidas: 1. Incentivos que premien la excelencia y respondan a las necesidades del consumidor; 2. Mercado laboral flexible; 3. Empresarios innovadores y capacitados que asuman riesgos; 4. Un sistema educativo que se traduzca en productividad; 5. Vinculación entre universidades, gobierno e industria. En Nayarit podemos, si podemos.

1 comentario:

Paulina dijo...

Como siempre, sus comentarios muy acertados, saludos.